A principio de curso, tras una fugaz y poco profunda lectura del programa del taller (para una simple noción de lo que nos deparaba el curso), extraje la conclusión, un tanto naive, de que el proyecto 3 presentaba pocas complicaciones. El bloque de viviendas lo percibía como una simple distribución de viviendas en planta para su posterior repetición en altura, de menor complejidad en comparación al programa de la residencia de investigadores. Ha sido con el estudio de Hansarviertel y la presentación de las obras analizadas cuando he descubierto la gran cantidad de variantes y posibilidades compositivas que ofrece un programa de las características dadas. A través del desarrollo de la célula mínima habitable y su agregación horizontal y vertical insertada en las redes que componen los sistemas. Mediante la delimitación del concepto del ámbito privado y público, de lo individual y colectivo, según las teorías del hábitat de Candilis-Josic-Woods. Con el estudio de las megaestructuras que construyen los denominados sistemas de forma lógica, la utilización masiva del hormigón y los intersticios para instalaciones. Y, finalmente, con las nuevas condiciones sociales y culturales que definieron este nuevo modo de hacer, en una época de posguerra con importantes cambios como la explosión del turismo de masas.

La arquitectura del movimiento moderno mostraba una clara tendencia a distribuir los elementos arquitectónicos y urbanísticos haciendo primar sobre otros factores su componente racional-funcional. Sus postulados proclamaban la nueva arquitectura para la sociedad de masas de la posguerra, una arquitectura sostenida por el concepto de sustancia y permanencia iniciado por el pensamiento platónico. El resultado era una arquitectura homogenizante, basada en la métrica del espacio y pensada para un individuo autómata, el habitante de la máquina de habitar. Un buen ejemplo es la Carta de Atenas de Le Corbusier, en sus propias palabras, un mandato para pensar rectamente, donde se percibe su obsesión por una sociedad ordenada.

 En la década de los 50 comienzan a surgir los primeros planteamientos alternativos a los primeros tratados del CIAM. De la mano de un grupo de jóvenes arquitectos idealistas con Allison y Peter Smithson, Shadrac Woods, Georges Candilis, Aldo Van Eyck y Jaap Bakema a la cabeza, que discutían y analizaban las nuevas cuestiones arquitectónicas sin la intención de constituir dogmas. Esta nueva concepción arquitectónica encuentra sus raíces en las corrientes filosóficas de la época, en el existencialismo y en el estructuralismo. El existencialismo, con Sartre o Heidegger, aboga por la condición individual del ser humano, el cual crea el significado y la esencia a través de la propia existencia libre marcada por su carácter temporal. En el estructuralismo, con Levi-Strauss o Needham, se concibe el anális de un campo como un sistema complejo de partes interrelacionadas entre sí. Partes que comprenden los factores culturales, psicológicos, las prácticas, los hechos históricos y los diferentes aspectos sociales como conformadores de significado.

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Trasladando estos conceptos a la arquitectura, lleva a los arquitectos del grupo a emprender un profundo estudio sobre las cuestiones del hábitat. Analizan las nuevas formas de vida en la sociedad de posguerra para definir la célula mínima habitable y las posibilidades de agregación horizontal y vertical de esta para crear sistemas densos que respondan a las necesidades demográficas de la época. Defienden una arquitectura que supere la crisis del objeto aislado moderno y hacia una disolución del monumentalismo, para así centrarse diversos factores, sociales, históricos o geográficos y en sus relaciones para la configuración de edificios a modo de ciudad. Pretenden a través de la atención hacia estos factores obtener la diversidad que acabe con el espacio cartesiano mecanicista, carente de humanidad, y que provoca monotonía, uniformidad y baja calidad espacial; para potenciar la idea de colectividad y espacio público sin perder los matices individuales que caractericen el espacio privado.

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En este contexto surgen las claves del proyecto que nos ocupa. Proyecto que podría tomar la línea del mat-building, concepto desarrollado por los Smithson en how to recognize a Mat-building, publicado en 1974 y que recoge las teorías debatidas durante las dos décadas anteriores por el Team X. Estos tipos de edificios parten de unidades que mediante unos patrones de asociación configuran redes abiertas con posibilidades de crecimiento, disminución y cambio. Edificios en los que las claves proyectuales se encuentran en las interconexiones de las partes, en la lógica de la estructura y en las articulaciones de los recorridos; de modo que la forma final resulta aleatoria, no premeditada, fruto de la multiplicidad de combinaciones posibles. Encontramos muestras de mat-building ya en la antigüedad, en la mezquita de Córdoba con su estructura en malla, en la ciudad India de Fatehpur Sikri, como un sistema de construcciones aleatorias que crean un conjunto relacionado, en las Kasbah del norte de África con su irregularidad regular…

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Concepto que define en el campo de la literatura Georges Perec, en la introducción de lo que podría considerarse un mat-book: la vida instrucciones de uso. Novela en la que se describen los diferentes espacios que conforman un bloque de viviendas y las vidas que acontecen en ellos. Estructurada por capítulos para cada vivienda, manteniene la idea del conjunto de través de las relaciones de las partes. Dejo el enlace con el libro completo.

 lavidainstrucciones

Utilizar estas herramientas proyectuales en la actualidad nos obliga a prestar atención a las nuevas condiciones del hábitat contemporáneo. Unas formas de vida cambiantes a un ritmo vertiginoso que se caracterizan por la paradoja de la carencia de forma, la cual depende del recipiente que la contiene, lo que nos conduce a denominarla como la sociedad fluida.Tampoco es fácil determinar el tipo de individuos que habitan las viviendas del siglo XXI, debido a la multiplicidad de nuevos tipos, que sobrepasan los límites de la familia tradicional y configuran relaciones y asociaciones de individuos temporales. Además de la familia nuclear jerarquizada, hoy fragmentada, aparecen viviendas en las que conviven grupos de individuos vinculados profesionalmente, mediante lazos de amistad o estudios comunes, parejas sin descendencia, madres solteras y estancias temporales individuales por cuestiones de trabajo. Situaciones de vidas transitorias que demandan una arquitectura de espacios flexibles y no jerarquizados que se adapten a los múltiples escenarios del hábitat. Reclaman una mayor dimensión de espacios privados, en los que puedan desarrollar las tareas profesionales, para delegar a la cocina la función social dentro de la vivienda. Se plantea la necesidad de cocinas con espacio suficiente para la reunión, pero no como un cuadro del salón, manteniendo cierta independencia para otorgarle así al salón un carácter más noble y de zona de descanso.

Otro de los aspectos que como se ha citado definen el mat-building es la importancia del espacio colectivo en la configuración del ámbito urbano del edificio. Aspecto que me provoca la reflexión sobre este tipo de espacios basándome en su respuesta a lo largo del tiempo. Desde el punto de vista teórico me resulta incuestionable la necesidad del espacio colectivo como elemento enriquecedor de nuestra dimensión social y humana. Un espacio en el que tiene lugar el intercambio en todas sus dimensiones, potenciado por la heterogeneidad de los individuos. Pero la sociedad contemporánea que percibo, a pesar de caracterizarse como urbana (un 70% de la población mundial vivirá en ciudades en 2050), parece que rechace las relaciones espontáneas del espacio colectivo de la ciudad, siendo estas en su mayor parte, contractuales, fútiles, sectáreas o premeditadas. Nos relacionamos con nuestra familia, con nuestras redes sociales de comunicación o con nuestros compañeros de estudio o trabajo, independientemente ya de la distancia física que nos separe. De este modo nuestro entorno inmediato se nos plantea ajeno, que no va con nosotros y del cual nos podemos extraer ninguna relación ventajosa, fruto del utilitarismo de la sociedad capitalista, y obviando así cualquier tipo de compromiso o responsabilidad. La ciudad deja de cumplir su función social, sustituida por las redes virtuales, para pasar a ejercer la función de lugar de consumo. ¿Qué sentido tiene pues la creación de espacios comunes en los edificios contemporáneos? Quizás sea necesaria una dosis de visión utópica para la configuración de las nuevas realidades sociales. Una realidad más esperanzadora es la que acontece en los paises escandinavos. En Suecia existen medidas que potencian la vivienda social colectiva. Conjuntos en los que sus habitantes mediante cooperativas, realizan el automantenimiento de los edificios, a través de dinámicas colectivas y de la concienciación sobre la importancia del cuidado del espacio común.

La película La Haine, narra las peripecias de un grupo de jóvenes multiculturales que habitan en la periferia parisina, en los barrios marginales denominados banlieue. En ella se representa el uso de estos espacios colectivos, las azoteas, los espacios intermedios, los parques comunes… y como en ellos tienen lugar las actividades rechazadas por el resto de ciudadanos, quienes los destierran mediante el odio. Un gran ejemplo de como han sido ocupados este tipo de edificios. Dejo el enlace con la película completa en castellano.

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